Hogar, justo hogar

//Hogar, justo hogar

Nota originalmente publicada en Mural

Irene solo es Irene, sin apellidos. Es la mujer del aseo, la trabajadora doméstica cuyos empleadores desconocen su nombre completo, aunque acuda desde hace años al domicilio para limpiarlo. De 59 años, es una de las tres protagonistas del cortometraje Como de la familia, del cineasta Flavio Florencio, obra en realidad virtual que presenta el Museo Memoria y Tolerancia (MyT) como parte de la exposición Hogar, justo hogar.

El título de su trabajo fílmico es una ironía, admite Florencio, también director del documental Made in Bangkok, galardonado en 2015 en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato.

“Es irónico porque ellas dicen: ‘tengo mi familia’. No quieren ser parte de la familia para la que trabajan, pertenecen a la suya”, dice el creador, quien también se entrevistó con Mariela, de 19 años, y con Brígida, de 42, en Puebla y Chimalhuacán, en las austeras casas de las mujeres, en la periferia de la periferia.

Junto con Irene forman tres generaciones distanciadas de sus afectos, como revela Florencio en su relato cinematográfico, que ofrece al espectador -una vez provisto del casco de realidad virtual- la posibilidad de permanecer junto a las entrevistadas, dentro de las habitaciones donde duermen sus hijos, en los espacios donde estos juegan o en las viviendas urbanas que limpian, tan dispares de las suyas.

“Procuro que la historia te envuelva”, dice el cineasta sobre este recorrido en 360 grados concebido para que el público rebase los límites físicos, sociales y emocionales que lo separan de las trabajadores del hogar.

“Y consigan dejar de lado los prejuicios -y en muchos casos la discriminación- para insertarse en la vida de estas mujeres y entender y recorrer junto con ellas sus trayectos, sus sentimientos y sus sueños”, se lee en la presentación que recibe al visitante en la pequeña casa instalada justo antes de entrar al MyT.

Dentro de ella encontrará una mesa, sillas y cascos para trasladarse del bullicio de la Plaza Juárez, donde está el museo, a la intimidad del dormitorio donde Mariela recuesta al bebé que no mira crecer porque debe ausentarse para trabajar.

La discriminación se expresa en costumbres como dejar para las empleadas del hogar los restos de comida, señala Florencio, quien se granjeó la confianza de mujeres que no suelen compartir sus historias.

“No estaban acostumbradas a que la gente les pregunte cosas, sino a que les exijan”.

La muestra permanecerá hasta mediados de noviembre.

Pugnan por contratos

Las trabajadoras domésticas en México suman más de 2 millones, la mayoría sin contrato laboral, informa Marcelina Bautista, fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH).

“Ni las trabajadoras ni las empleadoras están informadas; se asustan, se crean mitos, no se dice lo bueno que es firmar un contrato”, expone.

Bautista es también promotora del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadores del Hogar (SINACTRAHO), formalizado ante las autoridades el año pasado.

2016-11-20T17:56:22+00:00